martes, 24 de junio de 2014

Elección de centro escolar en Madrid

La odisea de elegir centro escolar sostenido con fondos públicos en Madrid.

                Este año, mi hijo, escolarizado en un centro público de infantil y primaria, ha de pasar a primero de la ESO. Debido a que tiene un diagnóstico de Dificultades Específicas del Aprendizaje (DEA) –que pese a su nombre es de lo más inespecífico- decidí solicitar una plaza en el colegio Brot Madrid, el cual es el único en Madrid especializado en atender a alumnos tipo DEA.
Como era de esperar, el número de solicitudes para este centro sobrepasa con creces su oferta. Lo malo no es solo quedarse sin plaza, sino no ser advertido previamente de que ninguna de las plazas ofertadas para primero de la ESO es tipo DEA, lo que coloca mi petición en el último lugar. El segundo centro solicitado –el Lourdes de la Fundación Hogar del Empleado- también tiene más demanda que oferta. Al ser la mía una petición en segunda opción, de nuevo me sitúo en una posición de desventaja. En definitiva, ninguna de mis dos peticiones ha sido satisfecha. Para comprobar que ha sido así, no queda más remedio –y esto sucede en la era de Internet- que desplazarse a la comisión de escolarización del distrito de Latina. La única indicación que aparece en el listado donde está mi hijo es un misterioso “continúa”. Una persona que atiende al público –desconozco cuál sea su puesto- me indica que “continúa” significa que el caso compete a la comisión de escolarización del municipio en el que resido.
Como quiera que el centro que desearía (tras ser rechazadas mis primeras opciones) está en el distrito de Moncloa-Aravaca, he de cumplimentar una solicitud extraordinaria en la comisión correspondiente –la cual está en pleno centro de Madrid (pese a que Aravaca geográficamente está separado de la capital). El día que voy a entregar la solicitud acudo a una oficina, abarrotada de ciudadanos, destartalada, de tintes más propios de la España sobre la que ironizara García Berlanga. Dado que parece poco menos que imposible atender personalmente a tanta gente, una bedela anuncia en voz alta que ella se encarga de recoger las solicitudes. Y las recoge directamente en mano, sin entregar ningún documento acreditativo de tal entrega. Debe ser una nueva forma de diálogo con la Administración. La web de la Consejería de Educación anuncia que días después se publicarán las listas con los resultados de esta solicitud extraordinaria.
Una vez más, y en la  época de Internet, no queda más remedio que volver a desplazarse al centro de Madrid. Sorprendentemente, al menos para un ingenuo como yo, mi hijo no aparece en ningún listado. Ahora me toca hablar con alguien que supongo que deber ser una técnica de educación. Con gran amabilidad, mientras oigo insistentes teléfonos que no paran de sonar, me indica que es muy habitual que no aparezcan publicadas las solicitudes de personas cuya primera opción corresponde a otro distrito. Lo que me toca hacer es ir directamente al centro que me interesa –del cual ya sé que tiene plazas- y escolarizar a mi hijo. Todo este viaje para recibir un mensaje que podría estar colgado de la Web. ¡España, o quizás solo Madrid, no va bien!


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